Las hojas amarillas son la señal de socorro más frecuente en plantas de interior. La buena noticia es que casi siempre tiene solución si actúas a tiempo y diagnósticas correctamente.
Causa 1: Exceso de riego (la más común)
Si el sustrato siempre está húmedo, el oxígeno no llega a las raíces y empieza la pudrición. Las hojas bajan amarilleando desde las más viejas. Solución: deja secar completamente el sustrato antes del siguiente riego. Comprueba que la maceta drena bien.
Causa 2: Falta de luz
Sin luz suficiente, la planta no puede producir clorofila. Las hojas pierden su verde de forma gradual y uniforme, especialmente en las partes más alejadas de la ventana. Solución: acerca la planta a una fuente de luz natural.
Causas 3 a 7
Falta de nutrientes (fertiliza en primavera y verano), raíces encharcadas (revisalas y corta las negras), estrés por trasplante (normal los primeros días), temperaturas extremas o plagas chupasavia como la araña roja o la cochinilla.
Diagnóstico rápido: hojas uniformemente amarillas → falta de luz o nutrientes. Hojas amarillas con manchas marrones → exceso de riego o enfermedad. Hojas inferiores amarillas aisladas → envejecimiento natural, es normal.
No arranques las hojas amarillas mientras aún estén verdes en la base: aún están aportando nutrientes a la planta. Espera a que estén completamente amarillas o marrones.
Preguntas frecuentes
Las dudas más habituales sobre este tema resueltas en pocas palabras
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Escrito por
María González
Doctora en Botánica por la UAM. Su misión es traducir la ciencia a lenguaje cotidiano para que todo el mundo entienda por qué sus plantas se mueren y cómo evitarlo.